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Traduttore tradito


Nada más terminar mi formación como traductor, tuve la suerte (con o sin ironía, según se mire) de dar mis primeros pasos en la profesión traduciendo para una famosa editorial de juegos de rol que hoy hace fortuna al margen de éstos. La verdad es que poco material de rol tuve ocasión de traducir antes de pasar a la novela. A pesar de no ser demasiado consciente de lo mal pagado y considerado que estaba el oficio, he de admitir que eran buenos tiempos por las personas que pude conocer y las puertas que me abrió.

Los caminos trazados por la fortuna quisieron que diese el salto a un mundo profesional mucho más "real" y despiadado, mucho mejor pagado pero igualmente tirano, donde la intimidad y el tiempo para uso personal eran rarezas incompatibles con el rigor exigido, que era mucho, a veces demasiado. Fue un bautismo de fuego en tiempo real, un aprendizaje express Ahí es donde te das cuenta de ciertas cosas y no puedes evitar mirar tus primeros días en la industria rolera como parcas bromas apenas preparatorias, en lo bueno y lo malo, para lo que se hace "de verdad".

Lo que sí que tiene esta profesión en común, sea donde sea, es lo solitaria e injusta que es en comparación con otras que concurren en la confección de un libro, sobre todo en el caso de los juegos de rol. Contemplo con cierta pena cómo se nos va un poco la mano en dar peso al aspecto gráfico de los títulos, presumiendo de gastos faraónicos en portadas e ilustraciones interiores a manos de auténticas vacas sagradas del gremio, olvidando que una mala ilustración puede ser tan fea como un texto mal escrito, plagado de faltas o redactado con poco mimo, y al revés. Si el texto parece en los últimos tiempos el primo pobre de la ecuación, qué decir de la traducción.

Algunos creen que traducir es transformar un texto sin más, trasladarlo de un idioma a otro, algo que cualquiera con nociones de un idioma puede hacer. Y no es del todo mentira, pero también implica una serie de sensibilidades, casi más que conocimientos, que en ocasiones brillan por su ausencia y la errónea convicción de que la escritura no tiene más norma que la ortografía. También está muy extendida la idea de que, a diferencia de las artes gráficas, cualquiera puede juntar dos letras y formar palabras, ya no traducciones a poco que se maneje un idioma foráneo y, sobre todo el rol. Porque, por lo visto, para ser buen editor, ilustrador o traductor de rol hay que ser, por encima de profesional del ramo que corresponda, buen rolero. Y tampoco es esta una falsedad al completo, pero yo diría que lo de ser rolero debería ser un complemento de calidad, no una garantía de por sí.

La práctica hace que muchas veces te encuentres con textos que en algún momento delatan su procedencia de otro idioma, desconocimiento del propio castellano y poco o nulo uso de las reglas de la lengua, que para algo están aunque muchas veces me haya topado con argumentos de que "si te gustan las tomas y si no las dejas". Alucinante, pero cierto. Por eso, uno siempre se muestra dispuesto a volver al mundo del que salió intentando aportar a la traducción algo de lo que ha aprendido "ahí fuera", encontrándome con algunos problemas. El más obvio es el del intrusismo profesional. Desconcierta comprobar que los traductores se reclutan en bares por pura necesidad, por ser amigos, de confianza o lo que sea, asumiendo, como dije antes, unos riesgos que repercuten directamente en los clientes, que adquieren a precio de mercado material a veces por debajo de la calidad de mercado, por no hablar del tirón a la baja de las tarifas, los pequeños escándalos de organización y control de calidad de algunas editoriales o que un traductor pueda dejarte plantado, dejándote sin trabajo y con la misma cara de idiota que cuando lo reclutaste. He de decir que, afortunadamente, hoy por hoy, el traductor aficionado lo hace cada vez mejor, que en algo se nota la práctica, pero aún es una excepción y sigo encontrándome con textos que, quizá por deformación profesional, me asaltan con excesivas alertas y "peros".

Entiendo, asimismo, que mi caso particular es eso: particular, ya que a pesar de dedicarme a la traducción apenas tengo encargos del mundo de los juegos de rol al pesar más en mi curriculum mi pedigrí como bloguero o polemista. Respetable, pero siempre he creído que un empresario debería ser más pragmático, especialmente en un ecosistema tan escasamente profesionalizado (no lo digo en el sentido peyorativo) como rebosante de ilusión y buenos propósitos como es la industria española del rol. ¿Por qué no pueden compartir espacio los profesionales con los aspirantes a serlo? En mi caso, aparte de filias y fobias, entiendo que una de las razones es el caché, pero bien saben muchos que me conocen que nunca me he cerrado a negociar a la baja mis tarifas porque considero que uno puede hacer algo bueno por el rol, desde mi humilde perspectiva y experiencia.

Sea como fuere, lo que reivindico desde estas líneas no es tanto que se aproveche mejor el capital humano disponible en el mundillo, en el que me incluyo, como que nos paremos un poco entre tanto acento colocado sobre los aspectos gráficos del negocio y seamos al menos igual de exigentes y susceptibles a la ilusión con otros aspectos menos llamativos, como la redacción y, especialmente, la traducción. Conste que conozco a grandes ilustradores del medio con los que me llevo muy bien, y nada más lejos de mi intención que desmerecer su labor. Pero si no pestañeamos al pagar las tarifas de un ilustrador más o menos consagrado, no lo hagamos tampoco a la hora de tratar los textos, ya sea creándolos o traduciéndolos, con la misma dignidad y rigor. Y es que muchas veces no es tanto cosa de dinero como de voluntad.

Ahí lo dejo.
Traduttore tradito Reviewed by Omar El Kashef on 16:50 Rating: 5

3 comentarios:

Sergio aka Tremandur dijo...

La cuestión es que la profesionalidad en el el subsector del ocio y los juegos, que es así como entiendo yo lo que se define como sector del rol, es algo que necesita arraigar. Aquí tengo una reflexión sobre ello

Nebilim dijo...

Cada vez más veo que "importa" más las ilustraciones que el contenido. Me horroriza que al presentar un juego te pongan una ilustración, como si no existiese nada más y me horroriza también ver que la gente suelta un "me lo pido" al verlas. Por eso me gusta tanto esta entrada, que no solo me parece que reivindica el papel del traductor y su trabajo sino también una reivindicación del contenido de un manual de rol.

Omar El Kashef dijo...

He leído tu artículo, Sergio, y me parece una de las reflexiones más lúcidas que haya visto. Como ocurre con lo que trato en esta entrada, el sector está demasiado decantado hacia ciertos esfuerzos y muy poco hacia otros. El denominador común es la sempiterna pequeñez y las dificultades para abrir puertas y caminos de expansión. Difícilmente podrá profesionalizarse como es debido el medio, pero estoy seguro de que buena parte de ello pasará, como dices, por la figura del freelance. De hecho pocas son las editoriales que funcionan a base de contratación fija en puestos de creación.

Nebilim, creo que es uno de los comentarios más razonables que te he leído en tiempos. Me has dejado a cuadros. ¡No lo estropees! XD

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