jueves, octubre 30, 2014

Laura Muñoz es una madura profesora de física que ha llevado una vida intensa, incluyendo dos divorcios y su participación en la Iniciativa de Defensa Estratégica durante la Guerra Fría. Ahora se prepara para afrontar la parte que supone más sosegada de su carrera. Se equivoca. El inesperado reencuentro con su primer marido, el coronel Jim Conrad del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, la conduce a ella y a su joven ayudante Neko a viajar a un lugar remoto para enfrentarse a un misterio de colosales proporciones. Un satélite militar estadounidense ha descubierto un objeto enterrado a gran profundidad en la meseta Laurentina canadiense. Se trata de una geoda perfecta de dos kilómetros de diámetro, para la que los geólogos no encuentran ninguna explicación racional. Además, este asombroso artefacto tiene al menos dos mil millones de años de antigüedad. Los militares norteamericanos se han hecho cargo de la situación y han levantado sobre ella una base destinada a investigarla. Pero los problemas con el gobierno canadiense no tardan en surgir, y todo se complica cuando Jim Conrad descubre que hay un traidor entre sus hombres. En esas circunstancias, sólo puede confiar en Laura para que le ayude a desentrañar el misterio de la geoda. Pero nada de lo que habían imaginado les había preparado para lo que iban a encontrar en su interior...

Me compré este libro hace años, en una Feria del Libro de Madrid. Era una deuda que tenía contraída conmigo mismo que no he solventado hasta ahora porque soy de cocción lenta con los libros que en el fondo quiero leer tanto como me suscitan alertas. Me explico. A mí me gusta mucho el thriller de ficción científica a lo Michael Crichton, sabedor de que me voy a encontrar muchas situaciones intensas, cliffhangers constantes entre capítulos y un trasfondo científico nada reñido con el entretenimiento y que, encima, te invita a la reflexión. Lo que pasa es que, como en las novelas de Crichton, me falta un poco de hondura en los personajes, que al final se quedan en un decorado acartonado que sirve de excusa para propulsar una historia cuyo fuerte el es principio científico y argumental en sí.

Para bien o para mal, esto es 'La red de Indra', una aproximación española y muy meritoria al thriller con tintes científicos. Os advierto que es una lectura amena, rápida, relativamente adictiva y muy interesante si salvamos el obstáculo (que no lo es tanto) del aspecto más dramático, como he dicho, relacionado sobre todo a los personajes. Pero cualquiera que aborde este tipo de literatura sabe que estas son las cosas del género y se quedará con lo positivo: un relato armado con un ritmo narrativo impecable, una historia que no se anquilosa en ningún momento y un regalo final comparable a un sabor de boca dulce y prolongado para quien guste de preguntarse sobre los grandes interrogantes de nuestro universo y los otros que pudieran coexistir con él. Lo mejor de este libro es que te hace ser muy consciente de lo pequeños que somos en el cómputo cósmico y que hay cosas más allá de nuestras limitaciones dimensionales que nos pueden embotar los sentidos, razón de más para agradecer obras como esta que te dan una aproximación de lo inabarcable en pequeñas cucharadas.

Y es que Alamut/Bibliopolis es una editorial que lo que tiene de pequeña lo contrapesa en una selección muy cuidada de su catálogo. Empiezo a pensar que el sello sí que importa, y que casi cualquier cosa que me compre con este sello no me dejará indiferente. No creo en los absolutos, pero aún estoy esperando que los hechos me desmientan esta presunción.

Aviso a jugadores de rol: si os ha gustado el juego 'Numenera', os recomiendo la segunda mitad de la novela. Está dotada de un sabor de boca muy similar a la propuesta de Monte Cook y se presta, en su final abierto, a una campaña de peculiar inicio. No digo más.

Mi valoración:

'La red de Indra', de Juan Miguel Aguilera

lunes, octubre 13, 2014


Me estoy volviendo loco, en serio. A poco que hurgues en la red no hay día que pase sin que te encuentres con un artículo que denuncia el encogimiento del sector editorial en España o, mejor dicho, el de las ventas. Porque lo que es el sector en sí aumenta en propuestas editoriales al tiempo que las ventas se estancan, una realidad paradójica como poco. Y, sin embargo, en el entorno editorial de los juegos de rol no hay día que pase sin que nos topemos con el término "edad de oro" en alguna parte (salpicada muy de vez en cuando por su réplica opuestamente radical: "burbuja"). Yo ya no sé que pensar, pero el otro día se me encendió una bombilla.

La verdad es que no sabría optar entre edad de oro o burbuja, aunque sí me confieso más cerca de la segunda que de la primera, aun admitiendo que la verdad debe de estar en algún punto intermedio entre ambas. Pero para responder al hecho de que el mundillo del rol sea tan anticíclico con respecto al sector tradicional en el que ha de enmarcarse, solo se me ocurren dos cuestiones.

Primero: el mundo editorial de los juegos de rol es tan pequeño, tan condenadamente marginal y tan dado a las prácticas de tapadillo que puede jactarse de volar por debajo del radar y no "declararse" tan afectado por la realidad sectorial como cabría esperar. Es lógico pensar que empresas de edición tradicionales, con cifras de beneficios y aspiraciones de crecimiento se resientan más en las crisis que un sector acostumbrado a haber encontrado su hábitat natural en la crisis permanente y a mantener unas dimensiones ridículas con la única aspiración de recuperar lo invertido seguir vivo un día más, que ya veremos de dónde se saca el dinero (viva el mecenazgo, la preventa y la madre que los parió a todos). Eso explica el tópico de que el rol lleva años muriéndose pero no acaba de morirse. Sí, es cierto: el rol vive en un estado de subsistencia que hace que donde otros se resienten de pérdidas económicas o de cuota de mercado, aquí estamos nosotros como los inquilinos de toda la vida dando la bienvenida a los ricos venidos a menos con una estúpida sonrisa de suficiencia. ¿Qué decir eso de lo nuestro? Que cada cual saque sus conclusiones. Pero, señores, de ahí a decir que vivimos una edad de oro media una distancia, y más aún cuando tan voluptuoso juicio se emite a base de sensación "de mi mesa, mi cole y mi entorno". En fin, para qué os voy a contar.

Segundo, y no necesariamente incompatible con lo primero, hay que reconocer que nuestro empresariado tiene una preocupación exagerada por culto personal de los líderes y el eufemismo, cuando no la mentira pura y llana. Vendemos más por la boca que por la tienda (literal y figuradamente) y cada vez nos parecemos más a los políticos que a los colegas editores del sector "normal" del libro: antes nos arrancamos la piel que admitir una cagada. Que si la licencia se nos ha perdido, que si las tiendas no nos quieren, que si dije digo y no Diego, cuando no directamente meter los principios y las promesas en un cajón del olvido para que ni el olor a podrido pueda guiarnos al cuerpo del delito. El caso es que la culpa de los males siempre es de otro, del azar o del mal tiempo, pero el triunfo tiene nombre y apellido, y hasta foto en la red social para que el vulgo vea cómo sus patricios se dan un baño de grandeza con sus "colegas", sus palés, sus pruebas de imprenta o cualquier cosa que delate un latido en el monótono cardiograma.

Sumemos a esto un corpus social más dado al seguidismo que en cualquier otro entorno editorial. De verdad, gente, que uno oye chorradas en plan "yo soy de esta u otra editorial", como si fuesen equipos de fútbol, pero en la vida me he topado con nadie que diga: "pues yo soy de Plaza y Janés porque todo lo que publican es genial y me dan la mano en las convenciones literarias". No, hombre, no, que si, además de que emplean el mismo metalenguaje de los políticos, no entrando al trapo en público pero sajando a manos llenas en privado, vamos en plan manada seguidista y acrítica, es normal que comulguemos con lo que nos echen, incluida edad de oro a precio, y tanto, de oro. No jodamos. No digo que haya que estar en pie de guerra, pero sí al menos con los ojos abiertos, conscientes de que nos pueden meter un sable cuando oigamos desenvainar la hoja. Es tal nuestro afán de parecernos a nuestros prohombres, nuestros caballeros de capa y sombrero de copa, que negaremos cualquier realidad, por cruda o evidente que sea, con tal de mantener un estado de hechos consumados que algo tiene de ilusorio. No; la culpa no puede ser siempre de los demás. Nosotros, como usuarios de a pie, también somos cómplices de muchos de los ridículos que nos cuelan como que errar es de humanos. Sí, tanto como responsabilizarse del dineral que se cobra por un trabajo demasiadas veces pasado de humano.

Y, mientras nos regodeamos en lo bien que va el sector, cada día afloran más y más campañas de financiación masiva, esa herramienta a la que supuestamente se recurre cuando han fallado muchos otros mecanismos tradicionales en los mercados ¿sanos? No lo entiendo. ¿En las edades de oro no sobran las iniciativas empresariales como para que no sea necesario que nos financiemos entre los particulares, y, es más, financiemos también a las editoriales? ¿Es que no nos damos cuenta de que el discurso de los brotes dorados se parece demasiado al de los brotes verdes de nuestros políticos? ¿De verdad nos podemos creer que vivamos una edad de oro cuando el conjunto del sector editorial en España denuncia una y otra vez un horizonte cada vez más complicado?

Por favor, no se os ocurra darme la razón, porque me hago más preguntas que afirmaciones. Pero pensad un poco, demonios, pensad.

Atípico, ma non tanto

domingo, octubre 05, 2014


Bueno, una breve entrada dominical para hablar de la nueva serie animada de DisneyXD y que va preparando el terreno para lo que se nos viene encima dentro de un añito con el estreno del Episodio VII y todo lo que siga.

Lo primero que se me pasa por la cabeza cuando hablo de esta serie animada es que hay que ir aleccionando a la chavalería para que, si no lo ha hecho ya, se vaya familiarizando con los sonidos y las texturas de Star Wars en su despliegue más clásico. Oh, sí el sonido de los cazas Tie y la voz metalizada de los soldados de asalto, amén del toque gótico-sado-vampírico de los oficiales del imperio. Oh, pero eso lo dice uno que ya tiene sus años y disfruta azuzando la nostalgia. No me quiero desviar. Pues eso, que 'Rebels' es el primer paso que da Disney para explotar la mayor gallina de los huevos de oro que le ha caído en los tiempos recientes, y qué mejor que dirigirse al público más joven e ir creando nuevos adeptos.

'Rebels' nos ubica 15 años después del triunfo del imperio y poco antes del surgimiento de la Rebelión, cuando los recuerdos de la vieja República aún están frescos y la opresión imperial se siente especialmente dura. Empezamos en el planeta periférico Lothal, con un joven huérfano y ladronzuelo que se llama Ezra, atrevido chavalín que recuerda al protagonista de 'Aladdin' cosa mala. Ezra no tarda en toparse con un grupo de bandidos que se dedican al contrabando (cómo no) y a hacerle la puñeta al imperio cuando pueden.

Sin entrar en los detalles del argumento, sí que se aprecia una clara intención por recuperar las sensaciones de la trilogía clásica en la abundancia de guiños y escenarios evocadores en ese sentido. Quizá podría interpretarse como una dificultad de ahondar en aspectos diferentes del universo Star Wars o, como piloto que es, estamos ante un abrir de boca que promete enseñarnos, al menos a los que ya hemos disfrutado de la franquicia, algo que no sepamos. La otra gran influencia es decididamente Disney. Por un lado, los personajes son arquetípicos y ocupan un lugar muy definido dentro del grupo, algo que nos lleva a la praxis típica de estos estudios de animación, pero es que también se nota en la animación. A mí este aspecto me ha dejado con un sabor agridulce, quizá demasiado acostumbrado al estilo Cartoon Network y su tono más "oscuro". Sinceramente me ha parecido a ratos más Disney que Star Wars, pero eso no tiene por qué ser necesariamente malo habida cuenta del público al que se dirige esta serie.

Esto encauza con otro aspecto de 'Rebels': su aparente renuncia al drama más oscuro y adulto del universo Lucas, aunque sin caer en las estridencias y apostando por cierto valor introspectivo, así como su apuesta por una ficción más amable y de aventuras. Una vez más, conforme, ya que son los críos y no los bregados cuarentones quienes deben disfrutar de las aventuras de este variopinto grupo. Y, volviendo al grupo, hay que decir que, a pesar de lo arquetípico, cada cual cumple sobradamente con su función: el rol materno, el rol de líder, el rol de bruto de amable corazón, la bribona con fondo noble, el droide simpático y el aprendiz lleno de promesas y probable "elegido" para algo. No os lo detallo a ver si los identificáis como yo.

Lo que no ha cambiado es la torpeza de las fuerzas imperiales, su legendaria inoperancia en el combate y su lamentable puntería. Alguien debería empezar a plantearse cómo demonios el imperio ha alcanzado tales cotas de poder con unas fuerzas de choque tan torpes y entrañables.

En definitiva, 'Star Wars Rebels' nos servirá para entender la transición entre los Episodios III y IV, y que la chavalería entienda mejor lo que ocurra en el VII. Hay que felicitar a Disney por su sentido estratégico a la hora de abordar la franquicia, atacando al público por todos los costados posibles, desde esta propuesta infantil que no repele al adulto y el grueso de largometrajes que prepara, incluidos los spin-offs de personajes tan legendarios como Boba Fett, Han Solo o el propio Obi-Wan Kenobi.

Mi valoración:

Os dejo con un avance de siete minutos.

'Star Wars Rebels' [piloto]

viernes, octubre 03, 2014


Hacía tiempo que tenía ganas de volver a mirar el mundo de los libros de rol como un consumidor más. A veces es preferible dejar pasar el tiempo para que algunas ideas maduren y se asienten, y más aún después de mantener largas e interesantes conversaciones con diversos actores del medio (editorial/profesional/industrial) para hacerte una fotografía parcial de una realidad que, por más que avancen las tecnologías de la información y las facilidades para comunicarnos, sigue siendo más bien opaca. Permitid que me tome los datos que se dan por sentados con cierto escrúpulo, habida cuenta la escasa conjugación entre lo que se dice de cara a la galería y lo que se comenta entre bambalinas.

El caso es que percibo que el listón del precio de los juegos de rol está cada vez más alto, y no solo en cuanto al formato, cada vez más exigente, sino a los precios (un clásico de este blog). Todavía me acuerdo cuando nos pareció una sacudida de "nuevos aires" el del 'Aquelarre', y ya estamos flirteando con los 60 euros como avance del que será el nuevo estándar de precio por manual. Antes se decía que el coste de la vida también sube, pero es curioso que, desde que estamos en crisis, el panorama de la inflación ha sido más que anecdótico (un espejismo en realidad), con la economía estancada o en riesgo de recesión. Sumado a esto el hecho de que decenas de imprentas han cerrado por culpa de la crisis y que las que quedan poco menos que tiran los precios para ser las elegidas (los que sabéis, sabéis), el argumento del coste de producción también se me queda un poco cojo.

Y, sin embargo, cada vez vamos más encauzados hacia el gran formato: grandes libros de tapas muy duras, con papeles aparentemente lujosos y a todo color, como si la única preocupación de las editoriales fuese mostrar musculatura. Sí, parece que la crisis afecta a todo menos a nuestro amado rol, que vive edad tras edad de oro. Pero también hay formatos baratos, me diréis; manuales en blanco y negro a 30 (a veces 50) euros, u otros a 5 por menos de 100 páginas, todos ellos susceptibles de nuestros aplausos con las orejas. Pues qué queréis que os diga: me siguen pareciendo un poco caros en su relación calidad/cantidad/volumen/precio. Vale, seguro que se me escapan sesudos argumentos para entender esta tendencia anticíclica al alza, pero habida cuenta de lo dicho más arriba y de que los autores suelen cobrar una miseria porcentual de los beneficios editoriales (no del PVP), sigo pensando que algo no encaja del todo.

Entonces es cuando intento aventurar alguna explicación de cosecha propia y caigo en el eterno factor de la economía de mercado: el intermediario. Mirad, yo lo veo así: los juegos de rol son como las verduras; no necesariamente prohibitivos en origen (producción), pero un poco hinchados en destino (comercio). Entiendo que para que un libro pueda llegar a una estantería tiene que pasar por una serie de fases que han de ganar su parte para seguir funcionando el conjunto, y no lo critico, pero sí me parece que hay una tendencia al gran formato para asegurar la tajada "satisfactoria" de cada uno. Y no una tajada testimonial, como pueden dejar líneas radicalmente baratas de incierto destino, sino una generosa que te haga respirar un poco cada X meses. Y, de nuevo, ¿quién puede criticar el derecho a la subsistencia de una empresa? Nadie, y menos yo, porque si te pones a penar, el intermediario tampoco es la madre del cordero.

El auténtico problema, y de esta burra no me bajáis, es la escasa tirada debida, a su vez, al escaso público objetivo. No nos engañemos: somos los mismos de siempre, solo que con más poder adquisitivo que cuando teníamos quince años. Sí, ya sé que todo el mundo dice tirar entre 2.000 y 5.000 ejemplares, que los PDF se bajan a decenas de miles y que en casa de cada uno son ciento y la madre jugando a rol. Pero ¿cuántos compran rol? Y acto seguido surge el mantra de que "imprimirmos en tal o cual formato porque así podemos tirar pocos y no ahogarnos en libros que no se vende tanto". ¿En qué quedamos? Solo si asumimos cierta exageración en las cifras declaradas podemos entender que, ante una base de consumo exigua a pesar del cegador oro con que está todo chapado, haya que apretar la tuerca del margen para que el negocio siga siendo rentable, lo que nos lleva a la preminencia del gran formato caro o al pequeño formato sobrepreciado que den ese margen satisfactorio para la supervivencia de productores, intermediarios y comercios. No me malinterpretéis: no pido aquí que nadie se apriete el cinturón; ¡me conformo con que empecemos a llamar las cosas por su nombre y se nos caiga un poco la cartea impostora de gran sector, cuando en realidad hay lo que hay! Que no voy a llorar porque el rol sea cada día más caro en contraste con los costes de producción, ¡pero hombre, un poquito de honestidad para variar! Admitamos que la edad dorada es en realidad una etapa de sobreproducción abocada a la inflación para poder subsistir a falta de un mercado mayor. 

No me hagáis caso, que mientras los pocos que somos sigamos comprando, no habrá pasado nada, porque de eso se trata: nunca pasa nada. Y aun así, este tema (el de las tiradas y los muchos o pocos que somos) ya es un clásico de nuestros particulares mentideros, inamovible, como todos los que quieren salir en la foto, sí o sí. Pero, ojo, que de éxito también se muere.

Aun así, cómo me gustaría poder mirar más tiempo por el ojo de la cerradura. O mejor no, que quizá perdería más puntos de cordura de los que aún me quedan después de haber mirado demasiado tiempo.

Aquí no pasa nada