lunes, noviembre 24, 2014


Se oye decir mucho que los juegos de rol son mucho más rentables que otras formas de entretenimiento de pago gracias a su ratio precio/horas de juego potenciales. Puede que sea verdad, aunque a juzgar por la tendencia alcista de los precios intuyo que tal afirmación puede tener los años contados, susceptible de ser sustituida por algo más del tono de: "los juegos de rol son una rara ave solo al alcance de los coleccionistas de mejor paladar".

Pero no quiero dar la murga otra vez con el tema de los precios, que ya he hablado bastante. Esta vez me gustaría plasmar una breve reflexión sobre otro aspecto que define al juego de rol tal como se entiende hoy en día desde el punto de vista de su explotación editorial. Ya lo he dejado caer veladamente en otras entradas, pero cada día se me hace más patente que el juego de rol, es un latido efímero en un concierto de tambores. Su esperanza de vida para la editorial vale lo que vale un hype, a saber, una puesta en largo de los dientes para dejarte claro que no podrás pasar sin él, que es el bombazo del año... ¡Qué digo de año, del mes o de la semana! Me recuerda en esto a los partidos Madrid-Barça, que hasta los periodistas especializados tildaban, ya con marcada sorna, de partido del siglo, fuese el de ida o el de vuelta.

Y volviendo al rol, me maravilla el despliegue de medios que se realiza en la antesala de su lanzamiento, con comunicados oficiales, avances del interior, bombardeo de las redes sociales y exhibicionismo casi pornográfico en jornadas y demás eventos del mismo pelo, para luego... Bueno, pues para luego dejarlos caer en el más absoluto de los silencios después de su nacimiento oficial al mundo. ¿No os ha dado la sensación de que, al menos para algunas editoriales, el juego se hace poco menos que viejo e inútil al minuto de lanzarse a las tiendas? A mí sí, desde luego, y a veces echo de menos que se mime más a juegos que en su momento fueron excusa para imprimir grandes pancartas y pósteres con que nutrir la sección corporativa de turno. ¿Qué hay de malo en revitalizar un lanzamiento del año pasado, o del anterior? ¿No es como si, una vez paridos los hijos, nos avergonzásemos de ellos y los encerrásemos en un cuarto oscuro? Y al final, lo curioso es que es el aficionado de a pie quien se bate el cobre, rubricando una aventura de cosecha propia, adaptando el reglamento a circunstancias no contempladas en el manual y demás formas de expansión y mantenimiento vital de una línea, prácticamente haciéndole el trabajo al explotador directo de la marca, cuando no es el propio autor quien informa desde un blog particular.

Pero es que, si nos salimos del aficionado y su esfuerzo voluntario, el título no deja de pasar a engrosar un fondo de referencias que, conforme pasa el tiempo, se va enfriando hasta adquirir un tono lechoso y cadavérico. Ya me comentan los tenderos que la reposición es el caballo de batalla; que en tienda propia online lo que quieras, pero que físicamente sean los clientes los que vayan a presionar. ¿En serio? Si no es verdad que la editorial parece hasta resentirse del lastre que supone una referencia que ha perdido la pátina de novedad, ¿por qué lo parece tanto? ¿Por qué no es la editorial creadora o tenedora de una línea la que mantiene viva la franquicia con material de cosecha propia?

A lo mejor es verdadero el discurso de que solo se venden básicos y que cuando uno sale hay que tener la vista puesta en el siguiente para no perder fuelle, discurso que, por cierto, sigue conviviendo tan tranquilamente con el de la edad de oro. Pues no sé vosotros, pero o no se vende o estamos dorados como los boquerones fritos, pero las dos cosas como que no. Está claro que todo mercado tiene sus altibajos, pero la facilidad con la que las líneas se enfrían o las licencias fenecen de aburrimiento en el cajón de los contratos a mí me provoca una mezcla de pena y preocupación, porque, superada ya mi fase de filias y fobias absurdas, creo que el rol, venga de donde venga, se merece que se hable más de sus criaturas más allá del momento de la alfombra roja, que su vida vaya más allá del hype y de las prisas por hacer caja y paso al siguiente fenómeno del momento. Esto requiere de esfuerzo, por descontado, pero si no estamos para esforzarnos por nuestra empresa, por nuestro sector, ¿para qué estamos? ¿Solo para ganar dinero? ¿Solo para exhibir nuestra hombría editorial? Que cada cual saque sus conclusiones. Yo me voy a pensar un rato.

La estantería llena de cadáveres

lunes, noviembre 03, 2014


No siempre tienes tiempo de prepararte una partida porque nos siempre tienes claro que merezca la pena. A veces la coyuntura pide un one shot, una partida aislada para pasar una tarde con unos amigos sin más ánimo que matar las horas, sin intención de continuidad.

Esto presenta, como todo, sus ventajas y desventajas. Una de éstas es que el vínculo entre los jugadores y sus personajes corre el riesgo de ser el mismo que lo que une a quien juega al parchís con sus fichas. Con que salgan bien los números en los dados y sepamos comer y contarnos veinte, de lujo. Para qué más. Pero yo soy un poco maniático con esto del rol y me gusta que haya un algo especial en todas las partidas, en todas las relaciones entre el jugador y su alter ego, por efímera que sea su sociedad en algún mundo parido por la febril imaginación de alguien.

Un día, en una partida de Vampiro Edad Oscura se me ocurrió escribir una breve sinopsis de cada uno de los personajes, pero tratada en primera persona. En otras palabras: uno o dos párrafos describiendo los pensamientos más íntimos del personaje de cara a la historia en la que está a punto de embarcarse. Esto me sirvió para varias cosas a un tiempo:


  • Trasfondo previo a la partida El recurso fácil es que los personajes ya se conocían o lo hacen en una taberna (corte, cárcel, arena de gladiadores, ciudad, tugurio, etc.), donde pasa algo que desencadena sus intereses comunes y les proyecta a la acción. Pero hay un valor añadido en contemplar el bagaje que lleva detrás todo individuo antes del momento de la acción pura y dura. Ahondar en las múltiples dimensiones de la personalidad derivadas de sus vivencias previas puede dar pie al jugador a innumerables desarrollos en función de sus gustos. Conjugados todos los personajes conforme a este criterio, la mezcla se enriquece sola y aporta indiscutiblemente a la historia.
  • Una aproximación a la psicología del personaje Si es la primera vez que el jugador lidia con el personaje (o si es la primera vez que una persona juega a rol directamente) esta plasmación por escrito de las inquietudes y opiniones del personaje sirven de guía interpretativa. Es una propuesta del director de juego, quien al fin y al cabo sabe qué es lo mejor para su historia, pero no tiene por qué ser de obligado cumplimiento. En todo caso, es mejor que empezar de la nada y distrae la mente del jugador de caer en la "monointerpretación" o de caer en la trampa de creer que el personaje es lo mismo que el jugador. Se establece así el necesario divorcio entre las dos dimensiones y ayuda a que el jugador se meta desde el principio en la piel de su alter ego.
  • Que el grupo tenga una idea de la personalidad de sus compañeros Yo hice que el grupo leyera en voz alta sus respectivos perfiles en forma de pensamientos escritos, lo cual sirve, si el director determina que los personajes ya se conocen, para que todos tengan una somera idea de cómo piensa, actúa y opina cada uno de sus compañeros. Esto no quita para que cada uno lea su párrafo en voz baja y rumie en la intimidad los recovecos de la personalidad del personaje. Para gustos colores, y cada partida tiene sus necesidades.


Si os animáis a hacer esto, os recomiendo que el texto resuma lo que el personaje piensa de sí mismo, de los demás y del trasfondo contextual con toda sinceridad, aprovechando la ocasión para introducir muletillas, registro de vocabulario, etc. No quiere decir esto que los jugadores luego tengan que interpretar al pie de la letra si es que eso les incomoda; con que tengan clara la arquitectura propuesta del personaje y se animen a elaborar sobre la misma de la manera que les sea más cómodo, mejor.

Deberían ser textos breves, al grano, intentando condensar la mayor parte de chicha en el menor espacio posible (no más de 300 o 500 palabras). Veréis como después de repasar cada uno su parte, y a poco que el director se lo haya trabajado para tejer afinidades y tensiones en los textos, puede darse un inicio de partida mucho más salpimentado que si simplemente nos enfrentásemos a una hoja rellenada a manos de otro. Y, en el mejor de los casos, quién sabe, quizá lo que se pretendía en un inicio como algo puntual pueda florecer en el arranque de una campaña.

Eso es lo bonito del rol. Que sabes dónde empieza, pero no dónde acaba.

Una pequeña sinopsis de tu alter ego

jueves, octubre 30, 2014

Laura Muñoz es una madura profesora de física que ha llevado una vida intensa, incluyendo dos divorcios y su participación en la Iniciativa de Defensa Estratégica durante la Guerra Fría. Ahora se prepara para afrontar la parte que supone más sosegada de su carrera. Se equivoca. El inesperado reencuentro con su primer marido, el coronel Jim Conrad del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, la conduce a ella y a su joven ayudante Neko a viajar a un lugar remoto para enfrentarse a un misterio de colosales proporciones. Un satélite militar estadounidense ha descubierto un objeto enterrado a gran profundidad en la meseta Laurentina canadiense. Se trata de una geoda perfecta de dos kilómetros de diámetro, para la que los geólogos no encuentran ninguna explicación racional. Además, este asombroso artefacto tiene al menos dos mil millones de años de antigüedad. Los militares norteamericanos se han hecho cargo de la situación y han levantado sobre ella una base destinada a investigarla. Pero los problemas con el gobierno canadiense no tardan en surgir, y todo se complica cuando Jim Conrad descubre que hay un traidor entre sus hombres. En esas circunstancias, sólo puede confiar en Laura para que le ayude a desentrañar el misterio de la geoda. Pero nada de lo que habían imaginado les había preparado para lo que iban a encontrar en su interior...

Me compré este libro hace años, en una Feria del Libro de Madrid. Era una deuda que tenía contraída conmigo mismo que no he solventado hasta ahora porque soy de cocción lenta con los libros que en el fondo quiero leer tanto como me suscitan alertas. Me explico. A mí me gusta mucho el thriller de ficción científica a lo Michael Crichton, sabedor de que me voy a encontrar muchas situaciones intensas, cliffhangers constantes entre capítulos y un trasfondo científico nada reñido con el entretenimiento y que, encima, te invita a la reflexión. Lo que pasa es que, como en las novelas de Crichton, me falta un poco de hondura en los personajes, que al final se quedan en un decorado acartonado que sirve de excusa para propulsar una historia cuyo fuerte el es principio científico y argumental en sí.

Para bien o para mal, esto es 'La red de Indra', una aproximación española y muy meritoria al thriller con tintes científicos. Os advierto que es una lectura amena, rápida, relativamente adictiva y muy interesante si salvamos el obstáculo (que no lo es tanto) del aspecto más dramático, como he dicho, relacionado sobre todo a los personajes. Pero cualquiera que aborde este tipo de literatura sabe que estas son las cosas del género y se quedará con lo positivo: un relato armado con un ritmo narrativo impecable, una historia que no se anquilosa en ningún momento y un regalo final comparable a un sabor de boca dulce y prolongado para quien guste de preguntarse sobre los grandes interrogantes de nuestro universo y los otros que pudieran coexistir con él. Lo mejor de este libro es que te hace ser muy consciente de lo pequeños que somos en el cómputo cósmico y que hay cosas más allá de nuestras limitaciones dimensionales que nos pueden embotar los sentidos, razón de más para agradecer obras como esta que te dan una aproximación de lo inabarcable en pequeñas cucharadas.

Y es que Alamut/Bibliopolis es una editorial que lo que tiene de pequeña lo contrapesa en una selección muy cuidada de su catálogo. Empiezo a pensar que el sello sí que importa, y que casi cualquier cosa que me compre con este sello no me dejará indiferente. No creo en los absolutos, pero aún estoy esperando que los hechos me desmientan esta presunción.

Aviso a jugadores de rol: si os ha gustado el juego 'Numenera', os recomiendo la segunda mitad de la novela. Está dotada de un sabor de boca muy similar a la propuesta de Monte Cook y se presta, en su final abierto, a una campaña de peculiar inicio. No digo más.

Mi valoración:

'La red de Indra', de Juan Miguel Aguilera

lunes, octubre 13, 2014


Me estoy volviendo loco, en serio. A poco que hurgues en la red no hay día que pase sin que te encuentres con un artículo que denuncia el encogimiento del sector editorial en España o, mejor dicho, el de las ventas. Porque lo que es el sector en sí aumenta en propuestas editoriales al tiempo que las ventas se estancan, una realidad paradójica como poco. Y, sin embargo, en el entorno editorial de los juegos de rol no hay día que pase sin que nos topemos con el término "edad de oro" en alguna parte (salpicada muy de vez en cuando por su réplica opuestamente radical: "burbuja"). Yo ya no sé que pensar, pero el otro día se me encendió una bombilla.

La verdad es que no sabría optar entre edad de oro o burbuja, aunque sí me confieso más cerca de la segunda que de la primera, aun admitiendo que la verdad debe de estar en algún punto intermedio entre ambas. Pero para responder al hecho de que el mundillo del rol sea tan anticíclico con respecto al sector tradicional en el que ha de enmarcarse, solo se me ocurren dos cuestiones.

Primero: el mundo editorial de los juegos de rol es tan pequeño, tan condenadamente marginal y tan dado a las prácticas de tapadillo que puede jactarse de volar por debajo del radar y no "declararse" tan afectado por la realidad sectorial como cabría esperar. Es lógico pensar que empresas de edición tradicionales, con cifras de beneficios y aspiraciones de crecimiento se resientan más en las crisis que un sector acostumbrado a haber encontrado su hábitat natural en la crisis permanente y a mantener unas dimensiones ridículas con la única aspiración de recuperar lo invertido seguir vivo un día más, que ya veremos de dónde se saca el dinero (viva el mecenazgo, la preventa y la madre que los parió a todos). Eso explica el tópico de que el rol lleva años muriéndose pero no acaba de morirse. Sí, es cierto: el rol vive en un estado de subsistencia que hace que donde otros se resienten de pérdidas económicas o de cuota de mercado, aquí estamos nosotros como los inquilinos de toda la vida dando la bienvenida a los ricos venidos a menos con una estúpida sonrisa de suficiencia. ¿Qué decir eso de lo nuestro? Que cada cual saque sus conclusiones. Pero, señores, de ahí a decir que vivimos una edad de oro media una distancia, y más aún cuando tan voluptuoso juicio se emite a base de sensación "de mi mesa, mi cole y mi entorno". En fin, para qué os voy a contar.

Segundo, y no necesariamente incompatible con lo primero, hay que reconocer que nuestro empresariado tiene una preocupación exagerada por culto personal de los líderes y el eufemismo, cuando no la mentira pura y llana. Vendemos más por la boca que por la tienda (literal y figuradamente) y cada vez nos parecemos más a los políticos que a los colegas editores del sector "normal" del libro: antes nos arrancamos la piel que admitir una cagada. Que si la licencia se nos ha perdido, que si las tiendas no nos quieren, que si dije digo y no Diego, cuando no directamente meter los principios y las promesas en un cajón del olvido para que ni el olor a podrido pueda guiarnos al cuerpo del delito. El caso es que la culpa de los males siempre es de otro, del azar o del mal tiempo, pero el triunfo tiene nombre y apellido, y hasta foto en la red social para que el vulgo vea cómo sus patricios se dan un baño de grandeza con sus "colegas", sus palés, sus pruebas de imprenta o cualquier cosa que delate un latido en el monótono cardiograma.

Sumemos a esto un corpus social más dado al seguidismo que en cualquier otro entorno editorial. De verdad, gente, que uno oye chorradas en plan "yo soy de esta u otra editorial", como si fuesen equipos de fútbol, pero en la vida me he topado con nadie que diga: "pues yo soy de Plaza y Janés porque todo lo que publican es genial y me dan la mano en las convenciones literarias". No, hombre, no, que si, además de que emplean el mismo metalenguaje de los políticos, no entrando al trapo en público pero sajando a manos llenas en privado, vamos en plan manada seguidista y acrítica, es normal que comulguemos con lo que nos echen, incluida edad de oro a precio, y tanto, de oro. No jodamos. No digo que haya que estar en pie de guerra, pero sí al menos con los ojos abiertos, conscientes de que nos pueden meter un sable cuando oigamos desenvainar la hoja. Es tal nuestro afán de parecernos a nuestros prohombres, nuestros caballeros de capa y sombrero de copa, que negaremos cualquier realidad, por cruda o evidente que sea, con tal de mantener un estado de hechos consumados que algo tiene de ilusorio. No; la culpa no puede ser siempre de los demás. Nosotros, como usuarios de a pie, también somos cómplices de muchos de los ridículos que nos cuelan como que errar es de humanos. Sí, tanto como responsabilizarse del dineral que se cobra por un trabajo demasiadas veces pasado de humano.

Y, mientras nos regodeamos en lo bien que va el sector, cada día afloran más y más campañas de financiación masiva, esa herramienta a la que supuestamente se recurre cuando han fallado muchos otros mecanismos tradicionales en los mercados ¿sanos? No lo entiendo. ¿En las edades de oro no sobran las iniciativas empresariales como para que no sea necesario que nos financiemos entre los particulares, y, es más, financiemos también a las editoriales? ¿Es que no nos damos cuenta de que el discurso de los brotes dorados se parece demasiado al de los brotes verdes de nuestros políticos? ¿De verdad nos podemos creer que vivamos una edad de oro cuando el conjunto del sector editorial en España denuncia una y otra vez un horizonte cada vez más complicado?

Por favor, no se os ocurra darme la razón, porque me hago más preguntas que afirmaciones. Pero pensad un poco, demonios, pensad.

Atípico, ma non tanto