El pasado día 16 tuve la oportunidad de poder ver la última de las películas de la saga del mago Potter. La madrugada anterior había salido, casi en pijama, a comprar las entradas, y es que la que escribe estas líneas no es que sea fan, es friki desde mucho antes que empezasen a poner caras a los personajes, y por ende a desvirtuar la historia. Sin embargo, siempre voy al cine con ilusión por ver en pantalla aquello que comencé a imaginar a los once años, y como siempre, salgo con una sensación que transita entre la decepción y el desconcierto.Se apagan las luces, y clavo mis uñas en la butaca esperando ver la siniestra morada de los desgraciados descencientes de Slytherin, el abuelo de Voldemort, su desdichada y enloquecida madre…pero no, me encuentro con un Potter pagafantas, haciendo el intento de ligar con la camarera mona de turno. Yo, que había prometido un inicio espectacular a mis acompañantes, me quedo con una ceja descolgada que permanece así el resto del film.
La historia se presenta entretenida y acompañada de unos efectos especiales espectaculares, pero como siempre, con vacíos argumentales por doquier, y situaciones que se entienden si has leído el libro. La falta de explicaciones procura la sensación de que los personajes encuentran al dedillo las ocasiones que se les presentan, o en el mejor de los casos los deja cómo bobalicones a los que el mundo les viene grande. Eso es algo que cómo fan me da mucha rabia.
Sigo encontrándome con personas que a media sonrisa me preguntan si me gusta leer Harry Potter. Entiendo la pregunta, porque la imagen que existe de la saga de Rowling es la que muestran las películas y el marketing que lo envuelve todo, con la que la autora se está haciendo de oro: una perspectiva infantil y relamida. Cuando la realidad es que sin ser de una excelente calidad literaria (tampoco vamos a vender lo que no es), está muy por encima de lo que se muestra popularmente.
Me llama la atención, pero no me sorprende, el descenso de violencia a lo largo de la película con el fin de poder ampliar el rango de edad recomendado. Muchos de los seguidores recordamos la paliza que recibe Potter al principio de la historia y que en la película se queda en una patadita, o la descripción de cómo se desangra Malfoy, limitándose en el film a unos cortes superficiales.

Lo más ridículo de todo ello, es la importancia que le dan a los amoríos y embobamientos, algo que en el libro pasa como meros brochazos de humor, en la pantalla se torna casi el tema central, obviando de nuevo expaciones más que necesarias y escenas fundamentales en la historia. El personaje de Luna Lovegood se vuelve el perchero en el que colgar vestidos chillones y accesorios variopintos para hacer reír a las masas, un insulto vamos. Además sigue siendo demasiada la diferencia entre el nivel de los actores, después de ver a Helena Bonham Carter o Alan Rickman dan ganas de mandar al resto de niños a dormir, pero bueno por parte de Radcliffe, es lo que tiene ser el hijo de la directora de casting y el productor.
----------------¡Atención Spoilers!----------------
De nuevo, la confianza que el protagonista tiene en sí mismo parece chulería “ja, ja soy el elegido” me pregunto a mi misma si he leído eso alguna vez, la respuesta es un no rotundo. Algo que me irritó bastante fue la distorsión del final: En realidad Harry no está en un piso inferior por el que ve cómodamente cómo sucede todo, en la história, Dumbeldore le salva la vida a Harry al paralizarlo segundos antes de que entren los mortífagos a la torre, y le coloca la capa de invisibilidad, de ahí la impotencia que siente respecto a la muerte de Dumbeldore, además en el castillo el resto de personajes y profesores luchan contra los invasores, en la película lo dejan como un pelele, si está en el piso inferior ¿Porqué no lanzar hechizos desarmadores o paralizantes? ¿El elegido se queda escondidito mientras matan a sus amigos? Y respecto al resto de la película… ¿Dónde está el entierro de Dumbeldore? ¿Por qué no explican qué es el collar? ¿Y la sala de los menesteres? En fin… Espero que, al menos, la señora Rowling haya hinchado sus cuentas bancarias algo más de lo que me ha hinchado a mi la yugular.






