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'Enemigos Públicos' del entretenimiento

Por Avatar

Estados Unidos es una nación joven cuya corta historia se asemeja a una espada de doble filo. Por una parte, es tan corta que apenas permite que exploremos a lo largo de unos pocos siglos en busca de sus hitos, las piedras angulares de su desarrollo, algo que, a primera vista, pordría considerarse como una limitación. Sin dejar de serlo, esa misma historia nos propone unos episodios muy contrastados, variados y dinámicos, casi siempre llenos de violencia, armas y conflictos, que sin duda suponen todo un filón de inspiración para los realizadores de cine, entre otros creativos, claro está.

El cine está lleno de esos relatos históricos, de los que me vienen a la cabeza películas como 'Los Intocables', cualquiera de las versiones de 'Bonny & Clyde' o sus directos inspiradores surgidos de su género histórico por excelencia: el Western.

'Enemigos Públicos' debería considerarse, pues, como uno de esos títulos que nos habla de la forja de una nación que se inspira a sí misma a tiempo real. Michael Mann nos presenta la historia de John Dillinger, uno de los atracadores más famosos de todos los tiempos, comparable quizá a otro hito como fue Billy el Niño. El interés de este personaje se debe a que vivió en una época cruce de la historia de Estados Unidos. Por una parte, entramos en el Chicago de los años 30, lugar y época en la que el crimen organizado, al que se refieren eufemísticamente como "el sindicato", campa a sus anchas. Por otra, vivimos el momento en el que el país empieza un proceso de modernización y supervivencia que debe alejarlo definitivamente de los localismos del antiguo Oeste americano, amén de encontrarnos en las postrimerías de una crisis económica que sólo hoy, con la actual, cobra ecos de grandeza.

En este marco, Dillinger fue uno de esos hijos descarriados del modo de vida americano que vivía de los bancos, en un tiempo en que los medios de seguridad apenas estaban en pañales y los periódicos buscaban sin disimulo un héroe que representase la esencia americana, aunque procediese del submundo y sus cloacas. Dillinger era considerado el Robin Hood moderno de Estados Unidos, el que robaba el dinero del banco de los poderosos pero dejaba al pobre currito mantener su jornal, precismamente porque fue un visionario de las relaciones públicas. Era sencillo: en una América que detesta por instinto la intromisión de lo público y lo estatal, él se forjó su nicho, su cuna, su refugio, ganándose las simpatías de los ciudadanos que veían en él un rebelde que plantaba cara a las pretensiones federales de controlar lo local. En esta tesitura, asistimos a otro de los aspectos interesantes de la película, y que transcurre en paralelo y, en cierto modo, debido a sus éxitos criminales: la forja, no sin vientos en contra, de una oficina de investigación federal que hoy conocemos familiarmente como el FBI. Antes, algo tan sencillo como perseguir a un criminal que se salía de una jurisdicción estatal para entrar en otra era algo impensable. Hubo que darle al coco institucional para idear, inventar, una forma de que un cuerpo de agentes pudiera perseguir al delincuente por cualquier territorio estadounidense para desbaratar sus refugios, sociales y físicos.

¿Os dáis cuenta de la riqueza de contexto, de terreno abonado que se nos da nada más vislumbrar la época de Dillinger? Pues sabed que la película pasa a hurtadillas por todo eso para meternos dos horas y media largas de un despropósito cinematográfico que ha sido diseñado para gustar pero se queda bien lejos del aprobado mínimo al que no debería aspirar una película tan engrosada como ésta.


Michael Mann, reconocible por una más que sospechosa gemela de 'Enemigos Públicos' ('Heat'), en la que curiosamente sí que consigue ponernos la adrenalina al cuello, pasa por alto este enfoque social del ladrón de bancos, limitándose a insinuarnos su afinidad con el pubelo llano con un par de escenas y tomas concretas, dejando el resto a nuestra imaginación. En mi opinión, así se ha malgastado un filón que hubiera dado gran empaque a la historia.

En cambio, se centran en el retrato de un personaje que, después de la primera escena, no hace sino repetirse en interminable bucle de dos horas y media hasta el final, dejándonos con una extraña sensación de contorsionismo pasivo en la butaca del cine. El momento histórico también es pasado por alto, dando la sensación de que su realidad es un algo abstracto que revuela por ahí, pero sin ahondar en el rico mundo criminal y mafioso del Cicago de los años 30. No vemos por dónde se mueve este hombre, no vemos qué mundo le odia y le ama a partes casi iguales, demasiado centrados en el localismo del piso franco y la relación sentimental a golpe de chulería que mantiene con una joven empleada de guardarropía que al fina será la que más sufra de toda la peli. Y nos la querían vender como una cinta a la altura de 'Camino a la perdición', que sí consigue situarnos en un contexto palpable sin salirse de los personajes y sus vivencias más pequeñas y cotidianas.



Todo este desengaño cinematográfico nos viene enlatado en una historia con falta de ritmo, recurrencias innecesarias y la impresión de que no se avanza en ninguno de sus frentes, por no hablar del desatino de la banda sonora que parece compaginada con la película de la mano de un aficionado, que tan pronto nos la mete con descompensada grandilocuencia o nos la arranca sin previo aviso para dejarnos en un anticlimático silencio. Mención aparte la fotografía, que a veces parece sacada de una cámara casera con disco duro de 80 GB, cosa que no deja de chocar con la época tan marcada que toca la película. Algún filtro, algún juego con la óptica, no hubiese estado mal, acompañando a un sonido que, desde luego, es de lo mejorcito de la cinta. Qué potencia es cuchar las pistolas y las viejas Thompson (las máquinas de escribir que las llamaban por su característico traqueteo).

¿Y Christian Bale? Tan desaprovechado y desaparecido en su interpretación del agente Melvin Purvis como el resto de actores, casi todos ellos grandes y acertados rostros duros de una época dura, pero poco más. Echamos de menos una confrontación en pie de igualdad entre estos dos monstruos de la interpretación que son Bale y Depp, un Depp que, por cierto, no podrá presumir de este papel como el mejor de su carrera, si bien lo dignifica como sólo una maestro es capaz. Es que el guión no daba para más.

Mala película, pues, dado el listón que daba a entender la selección de su director y actores protagonistas, amén de la historia que relata. Que me perdone mi amigo Delfar, pero hay cosas que ni la mente más abierta a lo imprevisible puede procesar sin resoplar.

'Enemigos Públicos' del entretenimiento Reviewed by Omar El Kashef on 20:40 Rating: 5

6 comentarios:

Milán dijo...

Fantástica reflexión sobre esta mierda de película, parece que cuando esperas algo con ansia y sale el tiro por la culata el batacazo es mayor.

Estupendo artículo.

Delfar dijo...

Jo, vaya caña que le metéis...

Es que realmente creo que esperáis mucho del cine comercial.

Nosotros tras nuestro periplo para conseguir ir a verla el mes pasado (supongo que la mayoría sabrá de que va el tema gracias a Enrolados, si hay interesados enlazo) estábamos más que satisfechos que no se quedara en la excusa para una película romántica que parecía indicar el tráiler.

A mí no es una temática que me atraiga mucho pero me gustó la película, principalmente por la labor de los protagonistas Deep y Bale.

Tal vez es que no me fijé tanto en los detalles como en la historia que prácticamente desconocía (está claro que Avatar domina y seguramente gusta más del transfondo) y disfruté mucho más de la acción y de la trama, que empieza realmente fuerte aunque da bastante tiempo para el descanso. Tal vez demasiado.

El evitar que fuera el típico final feliz de Hollywood me pareció bastante relevante, probablemente por intentar ser fiel a la historia.

Avatar dijo...

Hola, Delfar.

Va a parecer que aquí somos una especie de talibanes del cine, pero digo yo que habrás visto alguna vez una peli que no te guste por razones que a ti te parecieron lo suficientemente objetivas como para pensarlo. Sí, Enemigos Públicos es una peli comercial, pero no quita que no sea una buena peli, y no por el final, que es de rigor y lo de menos en la balanza final.

¿No será que tú esperas demasiado poco del cine que pagas por ver? Digo, no sé...

Gracias por comentar y un saludo!

Delfar dijo...

Esta peli como comentaba no pagabamos, sino que fuimos gratis al preestreno en versión original gracias a la Semana Negra y a Universal.

La verdad es que yo creo que ya estoy desencantado del cine, por eso he tomado la decisión que cuando realmente me apetece intento ir con unas expectativas muy bajas y cuando me cueste lo más barato posible.

El sistema actual de proyección de las películas y el tipo de películas que se hace es casi tan deficiente y arcáico como el sistema de distribución de música o DVDs, pero mientras esté manejado por intereses económicos es lo que nos queda...

Además Deep y Bale ganan mucho en versión original. Disfruté mucho de la oportunidad, que normalmente no tengo en pantalla grande, solo en los DVD.

Nah dijo...

despues de semejante critica, es carne de mula (luego ya dire si me gusta o no) :P

si quereis ejemplo de peli comercial, de la que se esperaba mucho, con un contexto historico rico, y basada en una serie de libros de exito...

y que luego fue una puta bazofia, pero mala mala mala hasta decir basta

la del Capitan Alatriste...

PACOP dijo...

Yo soy amigo (ya lo he dicho en más de una ocasión) del cine comercial, el que "está hecho para gustar". Y cuando voy al cine a pagar religiosamente mis 7 eurazos, lo hago porque voy a ver algo en concreto. Por eso estoy de acuerdo con Avatar: me jode que luego sea, no una cosa distinta a lo esperado por mi (que puede ser bueno, como me ha pasado con la última de Star Trek), sino algo que no tiene nada que ver con lo que me han vendido, como me pasó con está última de 'Imago Mortis'. Es, en ese momento cuando sientes que te han timado. Y seguro que es lo que le ha pasado a Avatar.

Por eso yo tengo las expectativas bajas, cuando merecen estar bajas. Es algo que voy a aplicar con la de '2012'. Pero a ver una película sobre Alatriste, siguiendo el ejemplo de Nah, por muy española que sea, con el pedazo de trasfondo argumental que tenía, no me iba a ir al cine con expectativas bajas ¡Y un cuerno! ¡Que lo estoy pagando!

Esa es, creo yo, la sensación de Avatar. No he visto 'Enemigos Públicos' todavía, pero yo iba a ir con las mismas exigencias de calidad que él a verla. Si yo pago un precio, exijo una calidad acorde. No voy a ir a ver una 'Amenza Fantasma', con las expectativas que se le pueden dar a una película de Steven Seagal (y por eso es tan malo el episodio 1 de 'Star Wars').

Un saludo!!

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