lunes, abril 30, 2012

'Los Vengadores', el maniquí mejor vestido a este lado del universo


He visto 'Los Vengadores' con una profunda necesidad de redención. No digo mía, sino de Marvel Studios, que en las últimas películas de superhéroes se habían dejado la genialidad por las prisas de encajar las piezas de cara al estreno más esperado del momento: la ocasión en la que por fin veríamos juntos en pantalla a Iron Man, Thor, Hulk, el Capitán América y demás secundarios de lujo. Seamos sinceros: 'Thor' fue un bodrio proporcionalmente inverso a las expectativas que me había planteado Kennetch Branagh en la dirección; Hulk está gafado, porque ya lleva tres actores encarnándolo y nadie parece tomárselo en serio; el Capitán América tuvo una peli que parecía más bien un videoclip acelerado de dos fugaces horas de duración en las que había que meter con calzador el resumen de un relato más ambicioso que las dos horas adjudicadas. Y qué decir de Iron Man, uno de los mejores estrenos superheróicos con una segunda parte en las antípodas de la genial primera, hasta el punto de que los propios responsables casi reniegan de ella para prometer un el Iron Man 3 que debió ser el Iron Man 2.

Pero volviendo a 'Los Vengadores', a lo largo de sus dos horas y veinte, he de decir que es una de las pelis más entretenidas a las que he podido echar el ojo últimamente. La elección de Joss Whedon a la batuta ha sido un acierto en cuanto a ritmo, dosificación de la acción y gen friki, necesario a todas luces para captar la esencia de una serie de cómics tan extendida y admirada, y cargar con la responsabilidad de los fans con tanta tranquilidad como parece, dado el resultado. La película acompasa muy bien los momentos de acción pura (nada que ver con los galimatías visuales de 'Transformers'), los momentos pretendidamente introspectivos y los gags cómicos, siempre de agradecer en un film que se caracteriza por la intensidad extrema de su acción.


Sin embargo, lo que más aqueja a 'Los Vengadores' es la base de su trama. De todas las películas de superhéroes que se han rodado, han ido a escoger la más floja para sustentar las bases de su argumentación. Me refiero a 'Thor', con su mal llevado enfrentamiento fraternal y su vestuario de cartón piedra. Tanto es así, que da la impresión de que el propio Whedon se da cuenta y a medida que avanza el film va restando importancia al enfrentamiento divino entre Thor y Loki y va echando leña en lo único que funciona: la acción en corto, las peleas, las ocurrencias y el derroche de potencia. Llega un momento en el que te olvidas de por qué están haciendo todo eso, reduciéndose Loki a un tonto útil al que hay que esforzarse por recordar, limitado el pobre a una excusa para que una raza de conquistadores interestelares abran un portal e invadan la Tierra. Y prueba de todo ello es el desenlace final con Loki, que parece más un estorbo que un activo del guión, y se lo quitan de encima con una facilidad que desautoriza todo lo que hemos visto en las dos horas y cuarto previas. La apuesta es clara: que los efectos y la interacción de tantos y tan chulos héroes hagan olvidar el espectador que está ante el maniquí mejor vestido del mundo: adornado hasta la saciedad, pero tan vacío en sus entrañas como el plástico pueda serlo.

¿Y qué decir de los propios Vengadores? Se me viene a la cabeza una palabra que lo define todo: desequilibrio. Podríamos haberla llamado 'Tony Stark contra todos', porque lo cierto es que Robert Downey Jr. se los come a todos con patatas y encima repite. Si la película corría el riesgo de convertirse en un espectáculo con secundarios de lujo, lo ha conseguido. Valores interpretativos irregulares en el mismo plató tiene ese riesgo, y la culpa es de quien hace el casting. Un Capitán América tan soso como lo vimos la primera vez, un Mark Ruffalo que prometía un buen duelo interpretativo con Downey, desdibujado a dos o tres conceptos de personalidad en la trampa mortal que es interpretar a la Masa; un Ojo de Halcón del que sólo atisbamos retazos y que merece una película para él solo y un desfile de enormes y atractivos secundarios de lujo.

Pero no os engañéis: me lo he pasado como un enano, me he reído como pocas veces en un cine y el niño que llevo dentro se ha removido lleno de regocijo. Porque 'Los Vengadores' funciona como combustible del fan, del que ansía ver en carne y hueso lo que siempre ha admirado en el papel, o el que simplemente se conforma con un rato intenso y divertido ante una pantalla; se llena de guiños simpáticos y te entretiene cosa mala, pero como película falla por el lado más esencial: el equilibrio y la convicción del argumento. Será que no se puede tener todo o que el cine de masas es así de inmutable.

3 ideas ingeniosas:

David Lanza dijo...

A verla pues ^^

Avatar dijo...

Sin falta ;)

Jorge dijo...

Estoy de acuerdo con el comentario de que Ojo de Halcón merece una peli para él solo. Es un personaje que en los tebeos nunca me ha interesado, pero en esta película incluso consiguen que parezca guay. Me hubiera gustado que tuviera un poco más de protagonismo.

También me pareció que el personaje de Banner estaba desaprovechado. Sólo le vi dos buenos momentos; en su interacción con Stark, el otro genio científico pero de carácter totalmente diferente, y los cinco segundos en los que confiesa cómo mantiene a Hulk a raya.

La peli tiene cosas malas, desde luego, pero es entretenidísima y la recomiendo a todo el mundo.